2015 Los nutria por el Pirineo

VIAJE AL PIRINEO CON MIS HIJOS, JULIO DE 2015

Los sentimientos encontrados se agolpan en mi cabeza, no sé si esto está bien o mal; por un lado les ofrezco la oportunidad de descubrir  verdaderas maravillas naturales que pocas personas, y menos a su edad, tienen el privilegio de conocer, les estoy inculcando el amor por el entorno y la naturaleza, aprenden a desenvolverse en medios hostiles a la vez que hacen deporte sano… pero… ¿seré capaz de soportar cuando vuelen solos? Soy consciente de que la montaña entraña peligros y a pesar de las precauciones,  la experiencia y la técnica, la naturaleza es cambiante y muchas veces se vuelve cruel y traidora.

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Yo he empezado de mayor, y mis padres no han sabido nunca, ni por asomo, lo que entraña un barranco, un rebufo, un drosaje, el paso de Mahoma, un vivac en “hotel de 1000 estrellas”, una tormenta en la montaña, etc. El problema es cuando ellos me digan que se van a “hacer un 3000” o descender un “barrancazo con caudal alegre”, yo sí que voy a saber, o por lo menos comprender, en que clase de fregao se meten; y si yo habiendo empezado tarde conozco una pequeña parte, ni imaginar puedo dónde querrán llegar ellos.

Me pidieron pasar una noche en un refugio de alta montaña, y los llevé al Ángel Orús; en el ascenso soportaron una fuerte lluvia y sufrieron el cansancio  estando empapados; por contrapartida experimentaron la llegada, el triunfo, el descanso a cubierto y la solidaridad montañera, escucharon el fragor de la tormenta estando a cobijo y con la ropa por fin seca, comieron caliente cuando ahí afuera, juro que se acababa el mundo.

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Quisieron subir un pico, y lo hemos intentado con el “Tucón Redondo” (2604 msnm), han sufrido el agotamiento, el ataque de una mula psicópata (jajaja), el miedo a la altura y a la niebla que nos alcanzaba, y por fin el fracaso de tener que regresar cuando estábamos a 30 metros de hacer cumbre; pero han conocido el tener que tomar decisiones rápidas y sensatas, el “ya volveré, que esta montaña no se va”, han visto la belleza del paisaje, las marmotas correteando, han observado el blanco terciopelo de las “edelweiss”, y de nuevo experimentan la vuelta a salvo, una soleada bajada cantando y la barbacoa para los campeones.

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Han hecho rafting, y han disfrutado de esta actividad como día de relax, como quién se sienta a leer un libro; han hecho una actividad nueva y poco común: “Trotbike” (ciclismo de descenso en bici-patinete) y aquí se han llevado una dosis de diversión y otra muy grande de sufrimiento por meternos en zona no apropiada para su edad (la actividad también era nueva para mi y confiábamos en los profesionales)

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A pesar de que este era uno de los objetivos del viaje, al final no se ha dado la oportunidad de meternos en algún cañón pirenaico, pero ya conocen el barranquismo (son los nutria), también la escalada, el esquí, incluso una cueva para principiantes, conocen el material, casco, cuerdas, arnés, mosquetones, etc.

Será el tiempo el que decida, mi culpa es plantar la semilla en el fondo de su alma y regarla mientras permanecen a mi lado, ¿se regará con aguas vivas, cascadas, pozas, cumbres y glaciares cuando ya no cuenten conmigo? Seguro que sí, y mi corazón de padre sufrirá lo que no está escrito…

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