Pirineo 2011 – Ascensión al Aneto

Día 1 de julio de 2011, una nueva aventura nos aguarda, la ascensión al aneto por la vertiente del glaciar de Coronas, un recorrido un poco más complicado que el usado habitualmente (Renclusa) y por supuesto bastante menos concurrido como más tarde descubriremos.

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1er día, el plan es subir con el “autobús del cielo” desde Benasque hasta el refugio de Vallibierna (o coronas) y de allí subir andando hasta el Ibón mayor de Coronas, debajo del glaciar del mismo nombre donde haremos noche.

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Tras la clavada de 12 euros por el viajecito (y si no te gusta te pateas una pista de 9 kmempinada como un poste) y procurando disfrutar del paisaje de subida por lo que parece el “Karakorum highway”, debo reconocer que yo no lo disfruté mucho y no me apetecía mirar por las ventanillas que daban al abismo. Llegamos al refugio donde nos deja el bus, nos calamos las mochilas y emprendemos la subida hasta el próximo hito de descanso, es el primer Ibón (o lago) de Coronas, el inferior. La senda es preciosa, vamos siguiendo un arroyo alegre que viene precisamente de las aguas que el glaciar decanta en este primer lago que encontraremos, eso sí el caminito es duro, hay un gran desnivel en muy poco recorrido (aprox 800 metros), pero bueno, el paisaje invita a relajarse y metiendo la primera marcha al “Barreiros” vamos subiendo poquito a poquito por un camino del que solo esperas que te aparezca Heidi (No, desnuda no… no seáis tan enfermos).

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Al llegar al Ibón inferior (precioso por cierto), la cosa cambia, se acaba el bosque y el paisaje se empieza a hacer más pedregoso, grandes rocas de granito nos dan la bienvenida y nos avisan de que el gran gigante está cerca. Tras un descansito y un avituallamiento energético, nos dirigimos por este camino más tortuoso hacia el Ibón medio, parece que va a aparecer después de cada repecho, pero nunca aparece o por lo menos esa es la sensación. Por fin se muestra, ya parecía que no ocurriría, ya se ve hielo remojando directamente con el lago, el aire se enfría y el cuerpo recalentado por la marcha lo agradece, hay que abrigarse.

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El tercer Ibón o superior, no tarda mucho, este tramo desde el intermedio no es tan largo, eso sí, igual de empinado, pero con mucha alegría y con la vista (POR FIN) del pico del Aneto, los ánimos son diferentes, se acerca el merecido descanso. Una gran casi-explanada nos espera en ella hay algún aguerrido excursionista que como nosotros ha decidido el ascenso por esta vertiente, pero no son muchos. Pronto nos instalamos y rehacemos las explanadas de vivac, construyendo muretes alrededor para protegernos del viento, en una plantamos dos tiendas para Armando y Jorge, pero Cristian, Benja y yo, decidimos construirnos una “habitación con vistas” directamente al lago, al glaciar, al pico y a las estrellas. Allí cenaremos y descansaremos que llevamos dos días de barrancos y el de hoy de ascensión… merecido descanso, doy fe. Una cenita a base de sopa caliente y un cambio rápido de ropa reconforta nuestros cuerpos y el sueño posterior, nuestras almas.

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Día 2 de julio, el despertador nos canta a las 6 de la mañana, entre desayunar y recoger campamento, nos ponemos en marcha una hora más tarde.

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Bordeando el Ibón y tras un pequeño contacto con el hielo del glaciar, empezamos a ascender por un lomo pedregoso, se me antoja la espalda de un dragón gigantesco, es la morrena lateral derecha (orográfica) del glaciar de Coronas. Grandes bloques de granito parecen las lágrimas petreas derramadas por el gigante Aneto por cuya espalda nos movemos desafiandolo. Al final de este camino tortuoso y empezando ya la nieve, no hay más remedio que calzarse crampones y sacar el piolet de la mochila, una nueva experiencia para casi todo el grupo. Ahora la subida ya es por hielo-nieve, la verdad es que los pinchos que llevamos en los pies, dan bastante seguridad, de no ser por ellos, la subida (que cada vez es más empinada) sería harto dificultosa.

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Por fin llegamos al collado (3200 metros aprox), aunque nos toca trepar un tramo con mucha piedra suelta y un poco peligroso, este paso une los dos glaciares, el de Coronas y el de Aneto y lo hacemos con los crampones puestos, ya que enseguida tomamos contacto con las nieves del segundo. Ahora nos unimos a la subida habitual de miles de turistas, la suerte es que nuestro madrugón haga que todavía no esté muy masificado el camino a la cumbre.

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Después de un buen trecho por nieve, llegamos a la cima anterior, allí dejamos las mochilas algunos para disponernos a cruzar el “paso de Mahoma”, un estrecho desfiladero de bloques planos por el que hay que cruzar para llegar a la cumbre, con dos patios a ambos lados que dan bastante respeto (que cojones, en mi caso la palabra fue “canguelo”). Como todavía no había llegado demasiada gente, pronto nos toca el turno de cruzarlo (habéis oído bien, hay que guardar turno para no cruzarse los que van con los que vienen). Pegados a nosotros se juntan unos franceses encordados que se la trae floja lo de los turnos y no respetan que hay gente esperando para volver, en fin “alonsenfantsdelapatriehijosdeputa” como diría Pérez Reverte.

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Y llegamos… si señores… misión cumplida, estamos en la cruz, en la cima del segundo monte de la península, a 3404 metros sobre el nivel del mar. Alegría máxima, fotos, abrazos… (cagüenlaleche que hay que volver y pasar otra vez por el pasomahoma de los cojones). Pasamos el estrecho, no sin dificultades, otros “Gabachés” deciden colarse a todo dios y cruzarse con nosotros en el medio del “mahoma”, el amigo Benja los envía a la “merde”, si quieren matarse que lo hagan solos, pero que no toquen los “oeufs”. Pasado el trago, recuperamos las mochilas y las fuerzas, ya que nos jalamos un almuerzo a 3400 metros a base de fiambres y queso, lástima nuestra querida bota de vino (pero solo faltaba cargar con ella… en El Tormo está mejor)… una vista al paso de Mahoma en hora punta, nos pone los pelos como escarpias, el embotellamiento es asombroso, menos mal que ya hemos regresado, no me extraña el mito de que el Aneto se cobre un tributo humano al año, se hacen verdaderas barbaridades.

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¡Ay amigos!, nos faltaba bajar… que no era poco. Y fieles a nuestras costumbres, tampoco queremos hacerlo por donde todo el mundo (Renclusa), sino por medio del glaciar Aneto buscando bajar al “pla de Aigualluts”. El comienzo fue apasionante, íbamos a cruzar todo el glaciar con crampones y piolet para buscar un ramal hasta topar con la morrena frontal, empezamos la andadura (si, esa es la palabra… anda-dura), a los diez minutos todo seguía siendo bonito, a la media hora ya no gustaba tanto, a la hora de pisar nieve nos cagábamos en la madre que parió al glaciar y a su p.m.

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Por fin terminó la nieve, y topamos con el caos de piedra de la morrena, lo mismo: los primeros diez minutos, “que chulo, parece un paisaje lunar”,… a la media hora “joder con las piedrecitas”… a la hora de saltar como cabras de pedrusco en pedrusco “la p. madre que parió a la morrena y a su almorrana”.

Pero como todo acaba, también las piedras terminaron, y comenzó una senda de tierra muy bien marcada, con hierbecita y flores alrededor, pero empinada hacia abajo en picado como un camino al infierno: diez primeros minutos “ta chula la senda… que bonito el arroyo… mira que flores y que helechos tan curiosos…” a la media hora: “jodida sendita… mis piernas no me responden”… a la hora: “ostia con la puta senda, dónde carajo está el valle… hasta los huevos de bajar… ¡Dios mis cuádriceps!”

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Y POR FIN (ahora sí) llegamos al valle, al “Plá de Aigualluts”, un fantástico prado cruzado por un río de aguas cristalinas con una cascada preciosa, y lo más curioso, poco después de la cascada, el río es engullido por una sima y desaparece contra una pared, como por arte de magia, se hizo un estudio echando un tinte al agua para ver dónde aparecía, y resurge en “La Vall D’Aràn” cruzando toda una sierra por el subsuelo… flipante.

Al llegar al mencionado río, hubo que descalzarse para vadearlo, el agua mordía de frío, pero la verdad es que recompuso un poco nuestras maltrechas piernas, la bajada nos había pasado bastante factura (bueno, y la subida de la mañana y la del día anterior, y los barrancos de los dos días precedentes… en fin un buen trote)

Solo nos restaba un agradable paseo por senda llana hasta “La Besurta” donde nos bebimos la cerveza más buena del mundo (no sé que marca era, y nos la bebimos en vaso de plástico, pero juro que fue la mejor cerveza de mi vida). Poco más tarde nos recogió el autobús que nos llevaría a Benasque y el resto fue una buena ducha, una barbacoa espectacular y un “pedete” considerable… Nos lo merecíamos.

Enlace álbum Aneto: http://www.flickr.com/photos/96918386@N03/sets/72157633994986788/

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